Fernando Ortiz

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En medio de una tempestad de agitadas olas de talla dorada, gravitan inalterables tres figuras femeninas. Dos de ellas se sientan sobre volutas agresivas y, en contraste, muestran un marcado aplomo, una serenidad expresiva sólo atenuada por los vibrantes y angulosos pliegues de sus ropajes. Son alegorías de las Virtudes Teologales: la Caridad, rodeada de niños, y la Esperanza, portando el ancla. Arriba, rematando el alambicado conjunto, de pie, triunfante, la Fe, con la Cruz y el Cáliz, de composición más aparatosa y movida, de quebrados ritmos y diagonales. Estamos en el retablo-baldaquino del Sagrario de San Miguel, obra cumbre del rococó andaluz por su imaginativo diseño y refinada ejecución. Pese a su pequeño tamaño y al protagonismo evidente de la arquitectura retablística, las tres esculturas que acabamos de describir fueron realizadas con un esmero poco habitual en este tipo de retablos del final del Barroco. Tampoco es normal la calidad de los dos ángeles lampareros que cuelgan a cada lado del altar. Son, sin duda, los mejores de Jerez. Sobresalen por el estudiado dinamismo de los paños, la cuidada belleza andrógina de las cabezas o la delicada policromía. Ángeles y virtudes llegaron de tierras malagueñas entre 1769 y 1770. Su autor, Fernando Ortiz, fue uno de los más afamados escultores de la Andalucía de esa época, ya que trabajó para el Palacio Real de Madrid y fue reconocido como miembro de la Academia de San Fernando. Su producción para Málaga se perdió lamentablemente en buena parte en los desgraciados disturbios de los años treinta. Nos quedan, en cambio, obras para dispares lugares de la región, caso de nuestra ciudad o de Osuna, localidad donde se celebra ahora una exposición por los 300 años de su nacimiento. Una efeméride que puede ser una buena ocasión para conocer más a este gran y desconocido artista.

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http://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/Fernando-Ortiz_0_1087991419.html

 

Confusión retablística

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El retablo en San José del Valle

Cuando en 1767 los jesuitas son expulsados de España, sus bienes quedan en poder de la Corona. En Jerez los retablos de la antigua iglesia de la Compañía se reparten entre distintas iglesias. A la de Santiago se dona el de San Ignacio en 1770, siendo colocado en el altar colateral del lado de la epístola, donde hoy se veneran las imágenes de la hermandad de la Buena Muerte. ¿Cómo era esta pieza? En un inventario redactado en 1768 (Archivo Municipal, legajo 114, expediente 3501, ff.9v-10), cuando dicho retablo aún se encontraba en su localización original, se especifica que tenía 8 varas de altura y 6,5 de ancho. La policromía consistía en talla y molduras doradas y fondos pintados mediante una corladura celeste. ¿Cuándo desapareció? Aún aparece en un inventario parroquial de este edificio de 1849 donde se especifica que “fue de los jesuitas” y estaba presidido entonces por una talla del Apóstol titular del templo. Después se le pierde el rastro, por lo que pensamos que debió de ser destruido en la devastadora restauración que padeció Santiago a finales del XIX.

La identificación con el polémico retablo de la sala capitular de la Cartuja cartujana choca, entre otras cosas, con la diferencia de policromía (fondos azulados y no blancos) y con sus distintas medidas pues las del retablo jesuítico eran inferiores, 6,5 m. de alto por 5,5 m. de ancho aproximadamente, mientras que el cartujano es de 9 m. por 6,40 m., según refleja la ficha correspondiente de la base de datos del Patrimonio Mueble de Andalucía. Aun reconociendo que debido a la accidentada historia del retablo se hayan modificado sus medidas originales, la diferencia tan acusada de 2,5 m. de altura es lo suficientemente elocuente para poner en duda que ambos sean el mismo. Y en caso de duda, lo mejor es perdonarle la vida al condenado, o sea, in dubio pro reo.

http://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/Confusion-retablistica_0_1083791745.html

Más sobre el retablo de la Cartuja

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Usar la Historia para acabar con ella. Eso es lo que definitivamente parece perseguir el Obispado con su última nota de prensa sobre el retablo de la sala capitular de la Cartuja. Apena su empecinamiento en este asunto y su sordera frente a la opinión de historiadores y de otros grupos ciudadanos. Al final todo se resume en una reafirmación, aunque nos pidan “rigor científico” y evitar la “generación de opinión desinformada”. Tomémosles, pues, la palabra, ya que los argumentos presentados pueden ser rebatibles.

En primer lugar, se defiende que el retablo que es descrito en los inventarios del monasterio dentro su primitiva ubicación, en la sacristía, no es este, ni siquiera la imagen de la Piedad de Esteve Bonet era la que presidía este espacio, sino otra desconocida de igual iconografía (esperemos que la Catedral de Cádiz, donde tantos años se conservó la talla del escultor valenciano, no la reclame ahora como suya). Para fundamentar esto se basan, entre otras fuentes, en el historiador Mariano Pescador, quien asegura que el retablo procede del jerezano Colegio de la Compañía, del que pasó ya en el mismo siglo XVIII a la parroquia de Santiago y de donde se llevó a San José del Valle a finales del XIX. Esta aseveración nos llena de extrañeza porque hay descripciones de los retablos jesuíticos en el Archivo Municipal y ninguno concuerda con este. Por ello, cabe pensar en una confusión por parte de Pescador.

Pero, por otro lado, aun cuando se demostrara su, más que dudosa, procedencia de la iglesia de Santiago – detalle espinoso que, por cierto, omite la nota de prensa – esto daría más razones a aquéllos que reclaman el retablo para este restaurado, y vacío, templo. Y es que, sea como fuere, de lo que no hay duda es que esta obra está ligada a la Historia de Jerez y su patrimonio. Y así debe seguir siendo.

http://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/retablo-Cartuja_0_1079592232.html

El retablo de la Cartuja

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Autor fotografía: José Miguel Sánchez Peña

Agustín de Medina y Flores nació hacia 1697 en Alhaurín el Grande. Siendo aún niño, marchó a Málaga, donde se iniciaría como tallista y ensamblador. Con posterioridad pasa a Granada. Allí Agustín contacta con Luis de Arévalo, un reputado cantero conocido por participar en la antológica sacristía de la Cartuja granadina. En 1726 decide marcharse a Jerez. Aquí permanecerá hasta el fin de sus días, dejando retablos tan relevantes como el del Rosario de Santo Domingo o el mayor de San Dionisio. De forma casual, o no, Agustín terminó trabajando también para la orden cartujana. Su estilo se percibe en el bello retablo que adornó la sacristía del monasterio jerezano. Una obra curiosamente atribuida al propio Arévalo pero donde la huella de Medina se ve con claridad en su diseño. Felizmente recuperado por los monjes tras su vuelta, se colocó en su sala capitular, donde se ha conservado hasta hoy.

El reciente anuncio de regalarlo a la parroquia de Setenil ha desatado una gran polémica y ha reabierto el debate sobre el principal monumento de nuestro municipio. La llegada de las monjas de Belén, aunque haya resultado positiva para el mantenimiento del edificio, ha ocasionado todo un éxodo de obras de arte. Sin embargo, a diferencia de este retablo, estas valiosas piezas no habían salido hasta ahora de Jerez. Un mal menor que no se daría en este caso. En este sentido, conviene recordar que una cosa es la propiedad legal y legítima del Obispado, y otra muy distinta el concepto de patrimonio, que lo vincula históricamente con Jerez, donde se creó y para la que se hizo. Un pedazo de nuestra historia que no deberíamos dejar escapar.

En los próximos días se hará público un manifiesto en el que diferentes expertos nos uniremos por esta justa causa. Nuestra voz merece ser escuchada. Estamos a tiempo de no cometer un error histórico.

http://www.diariodejerez.es/article/opinion/2397207/retablo/la/cartuja.html

Jornadas de Historia del Arte

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En 2014 la siempre animosa Asociación de Amigos del Archivo organizó las primeras Jornadas de Historia del Arte en Jerez. El éxito de la iniciativa ha llevado a consolidar la cita repitiéndola con periodicidad bienal. De esta forma, la próxima semana, del miércoles 18 al viernes 21, tendrá lugar en la Sala Compañía la segunda edición, bajo el revelador título de “Nuevas aportaciones a la Historia del Arte en Jerez de la Frontera y su entorno”. El carácter novedoso de los trabajos presentados es, desde luego, uno de los grandes alicientes. De hecho, el elenco de participantes es una representación bastante completa de todos aquéllos que nos dedicamos en Jerez a la investigación del patrimonio artístico de la ciudad. En este sentido, ha resultado todo un acierto abrir en esta ocasión las jornadas a la presentación de comunicaciones, lo que viene a completar el panorama ofrecido por las ponencias. Todo ello además queda recogido muy oportunamente en un libro, que debe ser de consulta obligada para investigadores y amantes de nuestra historia del arte a partir de ahora. En sus páginas será posible reconstruir a través de la voz reavivada de los documentos edificios medievales desaparecidos, como la primitiva Colegial o la casa de Alfonso Fernández de Valdespino; comprobar la propagación del mudéjar jerezano en Vejer; enmarcar el tardogótico local en su contexto andaluz; estudiar el primer renacimiento plasmado en el Palacio de Ponce de León; aproximarnos a la arquitectura dieciochesca a través de sus sugestivas casas y de la no menos llamativa reforma barroca de la iglesia de San Lucas; descifrar la influencia de la liturgia en nuestros templos durante la Edad Moderna; revivir la historia pasada de una bodega en ruinas; o reivindicar el nombre de uno de los mejores arquitectos del Jerez del XIX, José de la Coba.

http://www.diariodejerez.es/article/opinion/2387108/jornadas/historia/arte.html

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El sábado 22 se clausurará con una visita guiada a San Lucas

 

Programa e inscripción de las Jornadas

La piel del Mudéjar

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Detrás de la cal está la vida aletargada, el color, con toda su carga expresiva y estética. Es la sutil piel de la arquitectura, oculta tras un disfraz burdo que, pese a todo, ha preservado sin quererlo la esencia de ciertos edificios. Una autenticidad distorsionada por los gustos modernos, entre los que priman ideas como la sobriedad y la consecuente desnudez del material constructivo. Es decir, planteamientos que chocan con la mentalidad de esa remota sociedad que los levantó y que sí valoraba el poder suntuoso del color y veía en las pinturas murales el natural acabado de muros y cubiertas. Como ocurrirá en otros periodos posteriores, el estilo Mudéjar que florece en Jerez en torno a la primera mitad del siglo XV participa de esa forma de concebir los interiores de casas e iglesias. Esta genuina fusión de elementos góticos e islámicos con frecuencia se asocia con descarnadas paredes y bóvedas, levantadas con humildes ladrillos o sillares labrados en la porosa piedra de la zona; materiales que, sin embargo, era también necesario cubrir por razones de protección. Es la realidad en la que hay que entender complementos como los azulejos, las yeserías y, sobre todo, las pinturas. De ornamentaciones de cerámica y yeso quedan algunos restos descontextualizados pero de decoraciones pictóricas sí nos han llegado milagrosamente algunos interesantes ejemplos in situ. Dos de ellos están de actualidad: uno por estar a punto de concluir su recuperación, la capilla de la Jura de San Juan; y otro, la capilla bautismal de San Mateo, por su reciente descubrimiento en las páginas de este periódico, gracias a Fernando López Vargas-Machuca y José María Guerrero Vega, cuyos estudios sobre el mudéjar jerezano deben ser el punto de partida para la revaloración de estas pinturas y, en el caso de San Mateo, para su necesaria restauración.

http://www.diariodejerez.es/article/opinion/2377239/la/piel/mudejar.html

El convento del Espíritu Santo

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La bajada hacia el Arroyo desde San Blas es pronunciada y nada uniforme. Lo accidentado del terreno hace poco cómodo el transcurrir por una Cuesta del Espíritu Santo casi siempre desierta aunque, en cambio, permite observar una de las más bellas vistas de la ciudad hacia ese frente monumental en el que se escalonan la Catedral, el Alcázar y San Miguel. Un rincón infravalorado que transcurre por un escenario arquitectónico mantenido de forma dispar y donde sobresale como principal referencia la simplicidad geométrica del ábside de la iglesia del antiguo convento que da nombre a la calle.

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No es la primera vez que este edificio renacentista aparece en esta página. Sin embargo, los rumores de una posible compra del cenobio para convertirlo en establecimiento hotelero hacen que de nuevo esté de actualidad tras nueve años deshabitado, descuidado y expoliado. Ahora se habla del interés por él de un magnate filipino que se ha hecho conocido en España por adquirir varias firmas bodegueras y un famoso rascacielos de Madrid. La llegada a nuestro casco antiguo de las supuestas inversiones de un personaje como éste, afortunado miembro de la lista Forbes, puede invitar al optimismo. No obstante, ante un futuro inseguro, la especulación flota en el ambiente y las dudas sobre el destino de la excelente iglesia preocupan. No es ninguna buena noticia que un templo histórico pierda su uso original. A la inevitable desvirtuación se suma la pérdida definitiva de un mobiliario hoy disperso y que ya nunca volverá. Una nueva funcionalidad puede ser un mal menor, justificado por la conservación de un importante elemento de nuestro patrimonio. Pero cuidado con los generosos propósitos, que de  buenas intenciones está lleno el infierno

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http://www.diariodejerez.es/article/opinion/2367320/convento/espiritu/santo.html