DEPA

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En 2010 surge una iniciativa que pretendió denunciar la degradación de una ciudad y su patrimonio. No era la primera vez, ni mucho menos, que surgían voces críticas al respecto pero aquello suponía dar una mayor visibilidad al problema. Por aquel año el Gigante de Cuatro Caminos se alzaba ante el estupor general y nos levantábamos un día sabiendo que el Pendón se había esfumado o que la iglesia de Santiago estaba siendo sometida al más absoluto abandono y a un constante pillaje. Una lluviosa mañana de noviembre un nutrido grupo de jerezanos recorrían la primera de aquellas ‘Rutas de la Barbarie’. Ya entonces se escuchó una petición de crear una asociación de defensa del patrimonio. Lo que pudo ser algo de mayor entidad se quedó, “simplemente”, en un blog de internet que luego, tras más de tres intensos años, llegaría a su fin. Quiero pensar, como parte de aquella cándida labor, que la misma sirvió, al menos, para aumentar en algo la concienciación social sobre estos temas.

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Una década después, algunas cosas han cambiado (para bien unas, otras para mal) y muchas siguen igual. Diez años. Diez años han hecho falta para que se dé ese paso más que demandamos hace tiempo en esta misma columna. El pasado viernes era presentada a los medios de comunicación la Asociación en Defensa del Patrimonio Cultural DEPA. Significativamente, ese paso adelante no lo dan profesionales vinculados a la Historia del Arte. DEPA está formado por antiguos miembros del centro de adultos ‘Trece Rosas’ que han querido traspasar los cómodos límites del conocimiento y la divulgación para ir más allá.

Sólo desde la independencia política e ideológica, la acción continuada y fundamentada, la cooperación, y no la estéril confrontación, la huida de los dañinos personalismos y, sobre todo, el apoyo decidido de la ciudadanía este ilusionante proyecto llegará lejos. ¡Suerte!

https://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/Depa_0_1436556431.html

Puerto Hermoso

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Hace unas semanas hablábamos aquí del edificio, hace poco rehabilitado, del actual Hotel Casa Palacio María Luisa, en la calle Tornería nº 22. La que fuera vivienda de Manuel María González Ángel ve levantar en 1873 su fachada, diseñada por José Esteve. Ese mismo año, en la plaza del Arroyo, otro importante bodeguero, Pedro Domecq Loustau, construye también su casa, aquella que en las últimas décadas ha venido sirviendo de comisaría de la Policía Nacional. La coincidencia de fechas no parece ser una mera casualidad, evidenciando un cierto ánimo de emulación, de rivalidad, entre los respectivos propietarios de González Byass y Domecq. Un sanluqueño y un francés que se repartían entonces una parte importante de la próspera industria del vino de Jerez: el primero, creador de una sociedad que había experimentado un pasmoso crecimiento; el segundo, heredero de un boyante negocio familiar. En 1869 Domecq llega a la dirección de la empresa. Su nueva posición social debía plasmarse en una vivienda a la altura de las circunstancias. Así surgió la ostentosa construcción que todavía perdura. Como la casa de González, combina ladrillo visto y piedra en fachada y fue obra de otro profesional que había ostentado el cargo de arquitecto municipal, Elías Gallego. No obstante, la del Arroyo es de unas dimensiones, y un clasicismo, mucho mayores. Lo que se ha venido conociendo como Palacio de los Condes de Puerto Hermoso, por sus posteriores propietarios, mezcla en el interior la recia sobriedad de sus líneas arquitectónicas con una rica carpintería, como sus llamativos artesonados de inspiración renacentista.

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Autor foto: Mari Luz Rojo

El largamente anunciado traslado de la comisaría ya está aquí y las administraciones no han conseguido en estos años dar solución a su inminente pérdida de uso. El resultado es una preocupante incertidumbre sobre su futuro más cercano.

https://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/Puerto-Hermoso_0_1432356814.html

La Puerta de Rota

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Aunque fue uno de los accesos del recinto amurallado almohade, la Puerta de Rota se convirtió en su entrada menos noble, en la puerta trasera de Jerez.

Frente a lo que ocurrió con las otras tres puertas de la cerca medieval, la Real, la de Sevilla y la de Santiago, aquí no se creó ningún arrabal en el extramuros. La poco propicia orografía en torno a ella, que le otorgaría valor defensivo en su origen, sería la que, a la larga, supondría un escollo insalvable para el crecimiento urbanístico. Ya en el siglo XV consta la degradación de los alrededores. Pero será la apertura de la Puerta del Arroyo en el XVI la que suponga el punto de inflexión al convertirse esta última en salida más cómoda hacia las poblaciones costeras. Como testimonio del dorado pasado de nuestra puerta, quedaba, muy próxima a ella, la casa de los Riquelme. Y también acabó abandonada por sus dueños. En 1796 apenas perduraban de ella los maltrechos restos de la torre esquinera de esta vivienda. Entonces se comenzaba a gestar lo que hoy vemos. Las bodegas se alzaron sobre la ruina del caserío, absorbiendo incluso la Torre de Riquelme, y dieron lugar al definitivo derribo de las murallas. La transformación fue tan radical que en nuestra época se perdió el recuerdo del trazado de la puerta. La confusión fue enorme y la torre de los Riquelme se creyó parte de una muralla que ahora sabemos que estaba separada de ella unos 15 metros y que tenía su entrada por la actual Cuesta de la Chaparra.

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Todo ello lo podrán comprobar en un artículo publicado en el último número de la Revista de Historia de Jerez, en el que, bajo la coordinación de Diego Bejarano y dentro de un equipo multidisciplinar, he tenido la suerte de participar realizando el estudio documental.

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Planos, pleitos, escrituras notariales han permitido que la Puerta de Rota vuelva, virtualmente, a la vida.

https://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/Puerta-Rota_0_1428157230.html

Tornería nº 22

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En 1873 la llegada de la Primera República culminaba ese periodo de la Historia de España que se ha venido a llamar “Sexenio Revolucionario”. Tiempo convulso en el país y en el propio Jerez, que vivirá entonces tristes acontecimientos como el derribo de algunos conventos en 1868 o hechos violentos, como el motín contra las quintas del año siguiente. Ciudad de grandes contrastes, el binomio que forman miseria y conflictividad social convive con grandes avances como el suministro de agua corriente o el ferrocarril urbano, que se consiguen en 1869 y 1870, respectivamente. Una modernidad que se explica por el extraordinario desarrollo de la industria vinatera. De hecho, por esas fechas se alcanza una de las mayores cotas en las exportaciones del vino de Jerez durante todo el siglo XIX. Y uno de los protagonistas de ese apogeo será Manuel María González, el fundador de “González Byass”, que se convierte ahora en una de las primeras fortunas locales. Un ascenso social que debía materializarse en la adquisición de una vivienda acorde con su status. Sólo unos días después de la proclamación de la república se produce la compra de la casa de la calle Tornería 22. Era una zona distinguida, elegida por otros ricos bodegueros, y que además acababa de vivir una profunda transformación urbana tras el reciente derribo de la Puerta de Sevilla. El arquitecto José Esteve levantará una nueva fachada, de elegante eclecticismo, con combinación de ladrillo visto, piedra y llamativa rejería.

Un inmueble unido también al vino a través de los dueños anteriores y posteriores a González y que fue recuperado el pasado 2018 por María Luisa C. de Azcárate, convirtiéndolo en el actual Hotel “Casa Palacio María Luisa”. Una laboriosa restauración que acaba de ser recogida en un libro, de cuyo estudio histórico-artístico es autor quien estas líneas escribe.

https://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/Torneria_0_1423957663.html

Montañés y Jerez

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“Montañés, maestro de maestros” es la antológica exposición que sobre Juan Martínez Montañés fue inaugurada el pasado 29 de noviembre en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. En ella se incluyen las formidables tallas de San Pedro y San Pablo del retablo mayor de San Miguel, una de las más ambiciosas obras de su vida.

Pese a que Montañés se viene identificando en Jerez sólo con este célebre retablo, no fue lo único que hizo para ella. Mucho antes de que aquel altar estuviera terminado ya había sido solicitado en 1604 para hacer las imágenes de los llamados Santos Mártires de Asta, Honorio, Eutiquio y Esteban, que durante esos años se convirtieron en patronos de los jerezanos y recibieron culto en la iglesia de la Compañía. Por desgracia, un incendio acabó con las esculturas sólo unas décadas más tarde. De igual modo, a punto estuvimos de haber lamentado la desaparición total de un tercer encargo que recibe desde Jerez, el Claustro de los Legos de la Cartuja, cuyo diseño fue ideado por el escultor en 1620, demostrando, con ello, una habilidad como tracista no limitada a la arquitectura en madera. Un patio que, aunque muy reconstruido, sigue conservando las elegantes líneas sobrias dibujadas por el artista. 

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Un capítulo final de este “maestro de maestros” en relación con la ciudad sería precisamente el de la vinculación con ella de imagineros salidos de su taller sevillano. Habría que citar aquí al jerezano Alonso Álvarez de Albarrán, que en 1611 entra en su obrador y que tuvo una interesante trayectoria como escultor en piedra y yeso en el propio ámbito hispalense. El caso contrario fue el de Francisco de Villegas, oficial de Montañés que deja Sevilla para instalarse en nuestra zona, trabajando con frecuencia para Jerez en la primera mitad del XVII.

Una huella, por tanto, más profunda, más allá de las maravillas de San Miguel.

https://m.diariodejerez.es/opinion/articulos/Montanes-Jerez_0_1419758087.html

Y el mudéjar

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Cuando en 2007 se descubren la cronología y autores de la conocida como “Capilla de la Jura” de San Juan de los Caballeros nuestro conocimiento sobre el mudéjar jerezano experimentó un considerable vuelco. Fueron José Jácome y Jesús Antón los que desenterraron el testamento de Andrés Martínez Tocino, fechado en 1404 y en el que deja constancia de una deuda con Fernán García y Diego Fernández, tío y sobrino, respectivamente, por la obra de dicha construcción. En 2010 serían Manuel y Raúl Romero los que identificarían a Fernán García con el maestro que hasta 1433 ostentó el cargo de alcalde del alarifazgo, una especie de arquitecto municipal de la época. Esta posición preeminente, que traspasa ese año a otro sobrino, Alfonso Benítez, le llevaría a él y a sus familiares a intervenir en los principales edificios que se levantan en la primera mitad del XV en Jerez, y en localidades cercanas como Sanlúcar o Vejer, tal y como defiende Fernando López, el estudioso que, junto a José María Guerrero, más líneas ha dedicado al fenómeno mudéjar en la ciudad.

Tras un arte islámico del que poco se sabe y un gótico primerizo que apenas se intuye, la fusión gótico-mudéjar supone el primer estilo arquitectónico de Jerez que puede explicarse ya con un discurso coherente y que está respaldado por una mínima base documental. El primero en revelarnos nombres de maestros constructores y en mostrar un desarrollo relevante y un prestigio que supera los límites locales.

El mudéjar culmina este recorrido a la inversa por los siglos de la Edad Moderna y de la época bajomedieval. Es el comienzo y el fin de nuestro camino. Pero la historia de la arquitectura jerezana no se agota. Por fortuna, está más viva que nunca, dispuesta a redescubrirse y a reinventarse, avanzando mediante su continua investigación, retrocediendo hacia un pasado en incesante revisión.

https://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/mudejar_0_1415558512.html

El Gótico

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Cuanto más atrás retrocedemos en el tiempo, más nos sumergimos en un territorio oscuro, con más dudas que certezas. Dejamos el Renacimiento y entramos en la inmensidad del Gótico. Hablar de este estilo en Jerez no es fácil, y quizás un atrevimiento por mi parte. En realidad, no existe un periodo claramente acotado como en el arte renacentista. Está presente en las posibles primeras muestras de arquitectura cristiana, allá por el último tercio del XIII. Es la base estructural de gran parte de las construcciones “mudéjares” de la primera mitad del XV, tal vez bajo la dirección de Fernán García y su familia. Y emerge de manera patente en las últimas décadas del XV y las primeras del XVI en un monumental tardogótico. Pero, como otras veces he dicho, siguió siendo un estilo prestigioso durante muchos años más y, como tal, se resistió a morir, demostrando su vitalidad pasado el ecuador del quinientos. Incluso, será un fuego que no se apagará del todo en el Barroco, cuando aislados rescoldos aún crepitarán y hasta provocarán enormes fogatas como la nueva Colegial. Porque no estamos ante un simple estilo, sino ante una constante.

Con todo, existe un gótico más reconocible por todos, el de San Miguel y Santiago. Ese que brota de las influencias de la edificación de la Catedral de Sevilla y que pudo ser creación de los mismos maestros que dirigen esa faraónica obra hispalense. Entre todos ellos, el jerezano Alonso Rodríguez, perteneciente a una dinastía de arquitectos locales de gran proyección en este periodo. Con no pocos titubeos, su nombre se ha llegado a vincular con Santiago y, en fechas recientes, con la portada de San Mateo, gracias al descubrimiento de una misteriosa, y controvertida, firma. Elocuente ejemplo de lo mucho que todavía queda por dilucidar sobre esta apasionante etapa de nuestra particular historia de la arquitectura.

https://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/Gotico_0_1411358934.html