Un paso más

DSCF5457.JPG

La calle Campanillas recorre el lateral del Palacio de Camporreal. Estrecha y sinuosa, se constituye en un ejemplo característico del orgánico urbanismo medieval. En la actualidad es uno más de los muchos puntos degradados del casco histórico. Además, se da en ella la circunstancia particular de estar perdiendo en los últimos meses una singular solería de piedra de Tarifa que le otorga gran personalidad. El impune robo de sus baldosas, como el descarado desmantelamiento de un edificio de propiedad pública como Díez Mérito, es sin duda resultado del desinterés de las administraciones, y también de compradores sin escrúpulos.

Este jueves una nueva “Ruta de la Barbarie” recorrerá esta calle y otras del entorno de San Mateo. Estos paseos guiados, surgidos en 2010 en el seno del blog “Jerez, Patrimonio Destruido”, siguen teniendo, por desgracia, validez. Con todo, pese a la necesidad de seguir alzando la voz y de concienciar a la ciudad, este tipo de actuaciones se están demostrando ya como insuficientes. Es necesario dar un paso más. Y eso es lo que se propone un grupo de historiadores jerezanos que están planteando la creación de una asociación de defensa del patrimonio. Una asociación, independiente y apolítica, establecida legalmente, que actúe de manera permanente, frente a acciones esporádicas y de mera queja; que aúne esfuerzos, para dar respuestas con base, coherentes y contundentes; y que integre a todos aquellos, profesionales o no, interesados en cambiar la situación actual, sin que esto suponga ir en contra de iniciativas de otras entidades o particulares, asimismo necesarias y loables pero, como digo, insuficientes. Con el inicio del nuevo curso se tiene previsto que esta asociación sea ya una realidad, por lo que sería deseable que fuera ya recabando apoyos. Es hora de pasar del lamento a la acción. De dar un paso más.

http://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/paso_0_1155184862.html

Aljibe y claustro

Hasta su traída desde el manantial de Tempul en 1869 el agua llegaba a las casas jerezanas gracias a fuentes, pozos y aljibes. Estos elementos singulares, ligados a la arquitectura y el urbanismo de la ciudad, han permanecido desapercibidos u ocultos, en el mejor de los casos, cuando no han sido ya eliminados definitivamente. La pérdida de uso o su funcional simplicidad explican su escasa valoración, incluso para aquéllos de incuestionable interés. Pensemos, por ejemplo, en la manierista fuente de la Alcubilla y su moderna historia de incuria para comprender otros ejemplos, podría decirse, “invisibles”, por no estar a la vista de todos en nuestro paisaje cotidiano. En este sentido, hay que juzgar positivamente la recuperación de algunos aljibes históricos en los últimos años, como el del Alcázar, hecho en el siglo XV, o el del antiguo convento de San Agustín, obra del XVII, que se ha podido disfrutar últimamente dentro de las visitas guiadas por el patrimonio local que viene organizando el Ayuntamiento. Ambas son construcciones de un cierto tamaño, capaces de abastecer a los numerosos habitantes de ambos conjuntos arquitectónicos. El de San Agustín, localizado justo debajo del que fuera claustro principal, recogía las aguas de lluvia en una sencilla estructura doble, abovedada y realizada en ladrillo. Aunque perdida en parte, una inscripción, pintada en su propia cubierta y hallada en la reciente rehabilitación del edificio, sitúa su cronología en la década de 1690. Quizás la restauración de este aljibe sea el aspecto más feliz de una intervención que, sí, ha acabado con una larga ruina, pero resulta un tanto excesiva por la deliberada huella contemporánea y por la desvirtuación del sentido original de un espacio que, con sus distorsionantes cristaleras y uniformes solerías marmóreas, es ahora frío y deslavazado.

 

http://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/Aljibe-claustro_0_1150985263.html

 

Otro aniversario en San Miguel

DSCF9444

A propósito de la festividad del Corpus Christi, conviene recordar hoy otro aniversario que se cumple este año en la iglesia de San Miguel. El mes pasado hablaba de los 400 años del comienzo, en 1617, de su retablo mayor. Curiosamente, un siglo más tarde se inicia ese otro gran conjunto barroco que hace inexcusable la visita a este monumento: la capilla del Sagrario. Tercer centenario de una obra que, como ocurrió con dicho retablo, fue lenta, costosa y ambiciosa. De este modo, si en 1717 se abren los cimientos, no será hasta 1770 cuando la nueva construcción se inaugure finalmente. Como es lógico, no fueron cinco décadas de trabajo continuo y tampoco puede hablarse de la intervención de un solo arquitecto. Y, sin embargo, el resultado fue un todo armónico, coherente, aún teniendo en cuenta los matices de un Arte que no se estancó con el transcurrir del tiempo. En este sentido, es justo acordarse ahora de aquél al que se considera el autor del proyecto. Nos referimos a Ignacio Díaz de los Reyes.

Este sevillano afincado en Jerez, desarrolló su profesión a la sombra de su hermano, Diego Antonio Díaz, un nombre destacado de la arquitectura hispalense del momento. De hecho, su llegada a la ciudad vino motivada por la necesidad de sustituirlo en la dirección de las obras de la Colegial. Con el respaldo de su hermano y del cardenal de Sevilla, Ignacio recibe un buen sueldo y unas condiciones laborales envidiables. Sin duda, alcanzó un gran prestigio, como demuestra este importante encargo para San Miguel, donde pudo trabajar con mayor libertad creativa que en la ya comenzada iglesia mayor jerezana. Desgraciadamente, sus últimos años de vida fueron infelices. Murió en la miseria, tras la interrupción de los trabajos en la Colegial. Un templo que, al igual que su Sagrario de San Miguel, no lograría ver concluido.

http://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/aniversario-San-Miguel_0_1146785794.html

Vidas truncadas

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
El retablo en su ubicación original en 2006, antes del cierre del convento.

Son los edificios históricos, y aún más las iglesias, mucho más que “simples” estructuras arquitectónicas, acumulaciones más o menos armoniosas o sugestivas de montones de piedra. Antes, esos exquisitos esqueletos tuvieron una colorida piel y se revistieron de prendas y ajuares según las modas de cada época. Fueron como enormes seres vivos mantenidos por generaciones y generaciones de humanos que dejaron en ellos plasmados sus gustos, sus anhelos sociales y espirituales, sus intentos de formar parte de una eternidad que era también artística. El convento del Espíritu Santo fue uno de esos gigantes. Falleció hace años y se descompuso con rapidez. Quedan sus huesos, su templo renacentista que una vez quiso ser además barroco y se adornó entonces de retablos con columnas salomónicas, costeados por particulares. En los muros laterales se asentaron tres entre 1677 y 1691 por el taller jerezano de Fernando Delgado y Bernardo Martín de la Guardia. Dos de estos se rehicieron en el último tercio del XVIII para adaptarlos al vigente estilo rococó. Ya a finales del mismo setecientos se labró el altar que estuvo ocupado últimamente por una imagen de San Francisco de Asís. Era una obra peculiar, hecha por un artista anónimo formado en la tradición de la rocalla pero convertido forzosamente a la sobriedad neoclásica.

18765656_1892764907629756_1078703872725246974_n
Al fondo, parte del retablo. Autor foto: José David García Luna.

Días atrás, por pura casualidad, me topé por internet con una fotografía del escaparate de una tienda de antigüedades de Sevilla. Allí estaba, con su policromía imitando mármoles y su diseño incomprensible, un trozo de aquel retablo de San Francisco, mutilado sin piedad, arrancado, como tantas otras piezas, del convento del Espíritu Santo. De nuevo, propiedad legal y patrimonio cultural en contradicción. Un monumento que no mereció ser BIC y que lo perdió todo, entre intereses de unos pocos y el desafecto de la mayoría.

http://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/Vidas-truncadas_0_1142586251.html

Ascensión

DSCF4061

Hace ahora 400 años, en 1617, Juan Martínez Montañés se hacía cargo de manera definitiva de la ambiciosa obra del retablo mayor de San Miguel. Si bien el proyecto tuvo su inicio ya en 1601, su materialización se prolongó durante décadas, tras sucederse varios diseños, renunciar al trabajo otros imagineros que en un principio iban a colaborar con Montañés y acontecer continuos incumplimientos en el pago y en la entrega de las distintas piezas. Pocas parroquias como la de San Miguel, la más rica de Jerez y una de las más opulentas de la archidiócesis hispalense, podían permitirse costear un grandioso conjunto creado por el más cotizado escultor de la Sevilla del momento. No obstante, las relaciones con él nunca fueron fáciles, bien por falta de medios económicos o por la altiva y difícil personalidad del artista. De hecho, poco antes se le llega incluso a demandar por el desmesurado precio que exigió por el retablo. Como es bien sabido, aún en 1641 las labores no habían concluido y al final se terminan traspasando a José de Arce.

img096

Parece que hacia 1630 Montañés hace el relieve dedicado a la Ascensión, cuya festividad se celebra precisamente esta semana. Quizás por su altura, en el ático, no es de las partes más conocidas ni valoradas del retablo. Ciertamente, se observa la mano del taller en él, aunque no por ello carece de calidad ni interés. Cristo se eleva a los cielos en presencia de sus discípulos y su Madre en una composición muy clásica, ordenada y simétrica, que toma como modelo un relieve anterior del mismo tema del también montañesino retablo de Santiponce. Sin embargo, en Jerez el tratamiento más sintetizado de los paños y la mayor gesticulación de las figuras nos hablan de un Montañés más avanzado y barroco. Una extraordinaria policromía completará la talla de esta escena, fragmento olvidado en un todo imborrable.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

http://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/Ascension_0_1138386708.html

El templo más primoroso

DSCF3423

“El templo que tiene esta ciudad más primoroso”. De esta manera tan elocuente se refería un escritor de la época a la iglesia de San Lucas poco después de la intensa reforma que este edificio mudéjar experimentó entre 1714 y 1732. Fue en ese momento en el que se produce la radical transformación de su interior, recubriéndose con originales yeserías los viejos pilares de piedra y la modesta techumbre de madera. Una metamorfosis estética compleja, mucho más que un burdo enmascaramiento o una simple barroquización. De hecho, la idea no fue en realidad la de rechazar su pasado medieval, sino la de completar una iglesia que, en la mentalidad de aquellos años, parecía inacabada. Así, y no de otro modo, hay que entender las bóvedas levantadas sobre las naves, que ocultan un sistema de cubiertas pobre. Ya que la intención que tuvo el promotor e ideólogo de las obras, un culto párroco llamado Juan González de Silva, fue equiparar San Lucas a la magnificencia constructiva de otras parroquias jerezanas. De ahí, no sólo el propósito de imitar un abovedamiento pétreo, sino además el empleo en él del mismo lenguaje gótico con que fueron erigidos varios siglos antes San Miguel o San Mateo. Gracias a la iniciativa personal de González de Silva y a las numerosas limosnas que atraía la devoción a la Virgen de Guadalupe se logró culminar el ambicioso proyecto. En 1733, acabado el dorado del flamante retablo mayor, que preside la histórica imagen mariana, se inauguraba solemnemente el nuevo San Lucas.

DSCF3407

Casi 300 años después únicamente el cuidado de la hermandad de las Tres Caídas hace que se mantenga abierto y en pie. Por eso, hay que alabar su reciente iniciativa de buscar fondos para restaurar el maltrecho retablo del altar mayor. Un paso importante para recuperar el esplendor perdido del templo que soñó aquel cura del siglo XVIII.

http://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/templo-primoroso_0_1134187075.html

NOTA: El retablo mayor de la iglesia de San Lucas es obra de Francisco López (1723).

Vallas publicitarias de lujo

WP_20160424_11_46_39_Pro

La torre de la Catedral de Jerez se muestra como uno de los escasos restos, y desde luego el de más entidad, de la primitiva Colegial, erigida en época medieval y derribada casi en su totalidad para levantar el edificio actual. Es una construcción tardogótica, de finales del siglo XV, aunque reformada en el XVIII. Su esbeltez, su sobria mezcla de estilos o su distintiva separación del templo del que sirve de campanario le otorgan personalidad. Se trata además de un elemento característico del paisaje y del perfil urbano de la ciudad histórica. Todos estos valores deberían ser suficientes para una debida protección. Sin embargo, hoy sirve como valla publicitaria, improvisada y de lujo, para una enorme pancarta que anuncia la celebración de una exposición, “Limes Fidei”, que se clausuró nada menos que en Marzo de 2015. Dos años de inutilidad parecen un tiempo excesivo. Desde aquí dediqué en su día buenas palabras a dicha exposición, en la que incluso tuve el honor de colaborar, pero lo oportuno de la iniciativa no justifica este recordatorio perenne, que transmite también a nuestros visitantes una evidente imagen de dejadez. Lo peor de todo es que este tipo de cartelería de gusto dudoso, elaborado con resistentes materiales firmemente anclados en muros centenarios, se ha puesto de moda desde hace algún tiempo y ha gustado tanto en los ambientes eclesiásticos y cofradieros locales que no hay efemérides y hasta proyecto de restauración que no haga uso de él para luego, pasado su pretendido sentido original, formar parte de fachadas que, más que embellecer, altera, y se convierte en una verdadera contaminación visual de presumible incumplimiento normativo.

Una vez más, les invito a recorrer el centro. Comprobarán que los últimos vientos pasaron de largo por estos grandes carteles, firmes en su ruda terquedad.

DSCN7339
Iglesia de San Mateo con carteles de efemérides del 2013 y 2014.
WP_20170425_10_24_27_Pro
Iglesia de Santiago: cartel solicitando fondos para su restauración.

http://www.diariodejerez.es/opinion/articulos/Vallas-publicitarias-lujo_0_1129987458.html